Mujer y hombre: Torre de Babel o paraíso terrenal

¡¡Hola guapísimas y guapísimos!!

Ayer tuvimos Cena de Consciencia con patatas y estuvimos tratando el tema del entendimiento entre mujeres y hombres. La verdad es que acudieron mujeres y hombres muy interesantes a los que quiero agradecer su asistencia y participación. El escrito “Mujeres y hombres, ¿Torre de Babel o paraíso terrenal? “, que muestro a continuación es el que preparé antes de la charla, para ir soltando visiones, información, posturas, para incitar al debate y al cuestionamiento. He creído interesante añadir unas líneas de aportaciones de la charla que más me enriquecieron. Comentamos lo que más nos impacta al conocer a una mujer, siendo hombre y viceversa. Nos planteamos hasta qué punto nos influyen el comportamiento y las creencias, y hasta qué punto es la genética y las diferencias físicas (cerebros también diferentes) los que determinan la diferente perspectiva que tomamos hombres y mujeres. Y estas diferencias son ¿ventaja o desventaja? El autoconocimiento, y la aceptación y el reconocimiento del otro, nos permitirá vivir las diferencias creciendo juntos. Aunque la forma de atracción entre hombres y mujeres sea diferente, todos queremos sentirnos que estamos con personas con la misma vibración, o mejor dicho con vibraciones en consonancia. Otra aportación muy interesante fue la de mantener la mirada como forma de conectar con la pareja o con esa persona que vibramos en la misma frecuencia. También salió la importancia del silencio constructivo y presente, esa forma de comunicación tan auténtica en que sobran las palabras. Y resaltamos la diferencia de éste con el silencio sutil y violento, que transmite ausencia; y hasta qué punto nos puede dañar un silencio si no nos refleja a nosotros mismos y no lo alimentamos con ningún diálogo interno.  ¡Y esto sólo es lo que he considerado más relevante! Bueno, bueno. ¡Como ya veis la charla fue profunda y completita! Os dejo con la lectura. Un abrazo.

 

 

Mujeres y hombres, ¿Torre de Babel o paraíso terrenal?

 

Mujeres y hombres no hablamos el mismo idioma con exactitud. La buena noticia es que sí nos podemos entender. Hablamos diferentes dialectos. Todo esto es una ventaja cuando somos conscientes de ello, lo aceptamos y lo queremos, porque no sólo nos complementa físicamente sino también mentalmente y emocionalmente.

¿Cuándo viene el problemilla? Cuando pensamos que la pareja nos tiene que entender y adivinar nuestras necesidades personales, que nos tiene que ayudar a crecer y que es la responsable de hacernos sentir plenos / plenas. Pero ni es ella la que tiene que realizar el trabajo de complementarnos ni lo tiene que hacer exactamente a nuestra manera.

El mal de amores, en la mayoría de los casos viene de no conocernos en profundidad y de no escucharnos. Aunque nos cueste reconocerlo, nosotros nos hemos puesto en muchas ocasiones en la boca del lobo. Hemos despertado al león explicándole que no nos coma, un montón de veces y luego nos extraña y nos lamentamos de los mordiscos que nos da cuando al fin conseguimos despertarlo (cuento de Alejandro Jororosky).  ¿Necesitas atención a toda costa? ¿Qué buscas en la pareja? ¿Reconocimiento, aprobación, guía, apoyo, cariño, placer? ¿Todo? ¿Qué te das tú? ¿Qué quieres del otro?

Esperar la persona adecuada y no conformarse con cualquier sucedáneo que nos ofrezcan requiere mucho coraje, fe, fuerza interior y autoestima muy potente. Saber lo que queremos en nuestras relaciones, en nuestra vida es solamente nuestra responsabilidad.

Los hombres, las mujeres no tienen ninguna obligación de darnos nada en concreto. Si conozco a un hombre interesante, inteligente, simpático, guapo, y no me quiere querer, pues la verdad, en mi caso concreto no es muy listo porque ¡no sabe lo que se pierde! Bromas aparte, nosotros somos los que elegimos qué tipo de relación y qué tipo de vida queremos vivir, y actuar en consecuencia.

Sólo hay una manera de trascender la soledad no deseada y es aceptarla como la oportunidad de manifestar nuestra esencia para vivir siendo nosotros mismos y luego, si así lo queremos realmente, atraer a la persona con la que hablar con la mirada, con el cuerpo, de forma secundaria con la palabra, y crear así juntos, una forma auténtica de comunicación.  Esto decirlo es precioso y aplicarlo es un poco más jodidillo. ¿Alguien dijo que era facilísimo encontrar un tesoro? ¿Y la satisfacción cuando lo vivimos? ¿ehhhh? ¿Y la fe de saber que existe y querer sentirlo?

Una vez, una persona muy especial, me dijo: “Tu eres una mujer para ser encontrada” Esa es la idea, dejar de buscar para rebajar la ansiedad y tener fe en ser encontrados. Esto no es la excepción, sino nuestro estado natural, el amor, que hace que sobren las palabras para el entendimiento entre dos personas.

¡Volviendo al lío! Mientras no surge este sentimiento fuerte y sincero que todo lo relativiza y lo une, ¿cómo nos comunicamos los hombres y las mujeres?, ¿por qué a veces pensamos que no nos entendemos?

¡Pongámonos las gafas de científico! Aunque la biblia diga que las mujeres venimos de la costilla de un hombre, según nos explica Louann Brizendine, neuropsiquiatra autora de “El cerebro femenino”, todo cerebro empieza como cerebro femenino. Sólo se vuelve masculino ocho semanas después de la concepción, cuando el exceso de testosterona disminuye el centro de comunicación, reduce el córtex de la audición (las mujeres distinguen mejor el tipo de sonido y los hombres la procedencia) y hace dos veces mayor la parte del cerebro que procesa el sexo (el sexo, bien entendido, es acción, conexión con la tierra y la vida).

Las diferencias genéticas entre hombres y mujeres sólo representan el 1% de nuestro genoma humano. Los cerebros de los hombres son más grandes en un 9% aproximadamente (después de corrección por el tamaño corporal). En el siglo XIX, argumentaban este motivo para demostrar que la capacidad mental de las mujeres era inferior. Las mujeres y los hombres tenemos el mismo número de células cerebrales, lo que ocurre es que en las mujeres están un poco más chafadillas, como viajando en un metro oriental.

El cerebro femenino está muy afectado por las hormonas, creando una realidad femenina. La realidad neurológica del hombre es como una montaña que se va erosionando en muchas ocasiones imperceptiblemente por el tiempo, glaciares, movimientos tectónicos. La de la mujer es más como el clima, a menudo cambiante y difícil de predecir (metáforas del libro de Louann Brizendine “El cerebro femenino”).

El cerebro femenino tiene facilidad para unas aptitudes y el masculino para otras. El femenino dispone de: sobresaliente agilidad mental (conexión de ambos hemisferios), habilidad para involucrarse profundamente en la amistad, capacidad para leer las caras, y el tono de voz en cuanto a emociones y estados de ánimo, excelente visión periférica, destreza para desactivar conflictos, calidez y actitud afectuosa que nos puede infundir el estrógeno. Tenemos la herencia ancestral de tarea de protectora del hogar familiar y relaciones en la tribu.

El cerebro masculino dispone de: predisposición a la acción y al desbloqueo de darle vueltas a un tema, excelente “visión túnel cilíndrica” (delante, a largas distancias), instinto de defensa al activarse la amígdala con más facilidad (ejemplo: querer dormir más cerca de la puerta sin saber por qué), especial desarrollo espacial y lógico, firmeza y autoconfianza que puede proporcionar la testosterona. Esta predisposición a desarrollar estas habilidades, aportaban la agresividad y la decisión necesaria para cazar.

¡Ojo! ¡Qué no cunda el pánico! Estamos hablando de predisposiciones biológicas. Esto no son 2 + 2. Existen muchísimos factores ambientales, educacionales, de la conducta…que tienen un peso muy importante. Y por supuesto que las mujeres somos firmes y los hombres tiernos, y ¡gracias a Dios ninguna cualidad es exclusiva de un sexo!

Pero, ¿qué ocurre en nuestra sociedad, donde se le pide a una mujer que de niña se le explicó que era delicada como una princesita, que sea madre maravillosa dedicada incondicionalmente a sus hijos, experta y multifuncional en temas familiares, amante maravillosa multiorgásmica siempre dispuesta y profesional independiente potente, proactiva y muy eficiente? ¡¡Un poquito de por favor!!

Y ¡espera que no he acabao!, ¿qué ocurre en nuestra sociedad cuando a un hombre que toda su vida ha jugado a luchar o cuerpo a cuerpo o por un balón, que no se le ha permitido ni llorar, se le pide que sea sensible a todas las necesidades de su mujer y comunique sus emociones, que no proponga acción ni sexo sin asegurarse de que son bien recibidos, que sea un padre requeteamoroso y adivine los pensamientos de su familia, ganando mucho dinero y con un equilibrio asombroso compatibilizando trabajo y dedicación familiar? ¿Qué os ha parecido? ¿Exagero?

Con este panorama, el nivel de estrés de las personas, mujeres y hombres en general, quizás esté bastante bien, para cómo podría estar con nuestros niveles de éstrogenos y testosterona poco escuchados y poco complacidos.

Mi propuesta, aunque quizás peque de genérica, creo que es acertada: conocimiento y aceptación de nuestras diferencias y nuestras similitudes particulares, comprensión desde la diversidad y la complementariedad, compasión desde la igualdad de posiciones, autoestima para saber lo que queremos y valoración de lo que nos aporta el otro, amor, amor, amor.

¡Venga, ahora un poco de espiritualidad!

Según Carmen Enguita, artículo sobre “El hombre y su polaridad femenina”:

“Un hombre que no ha elaborado su polaridad femenina no va a poder contener a una mujer, con toda su “locurilla”, porque les da susto. Asumir la complejidad femenina es mucho, por eso la tendencia es o a despistarse o a castrarla. Por eso es necesario que el hombre y su polaridad femenina se desarrollen en armonía. Un hombre se puede adentrar en lo femenino para afrontar ese reto emocional y cuando puede ver a una mujer como reflejo enriquece todo su mundo emocional, toda su diversidad, puede afrontar ese caos y ese magma intenso, y estar ahí. El hombre y su polaridad femenina se nutren para el crecimiento. Cuando sabe que lo femenino está en relación con la vida, con la tierra, con esa parte de él…consigue la armonía”

“Cuando una mujer se abre, devuelve lo sagrado a la vida, nutre a lo masculino, es su consciencia. Una mujer no puede pedir presencia a un hombre sino reconoce su presencia en ella”. La mujer se nutre de lo masculino, que le proporciona, la conciencia, la estructura, la relación con los otros elementos: el aire, el fuego. “Lo masculino nutre a lo femenino y viceversa”

Palabras también de Carmen Enguita, en su artículo, “Equilibrio entre la polaridad femenina y masculina”. Como en el artículo anterior, he creído conveniente también incluir palabras textuales:

“Las cualidades de lo femenino representan el ser; las de lo masculino, el hacer. Lo femenino se relaciona con el agua, la fluidez, la profundidad, la tierra, los movimientos cíclicos, el cambio. Lo masculino, con el aire, el pensamiento, la lógica, el fuego, la conciencia, el orden, la estructura.

Cuando estas dos fuerzas están en equilibrio, la vida es armónica, intensa, activa; se da una cooperación entre ambas, una alternancia en la que cada una da paso a la otra según la necesidad del momento. En cambio, si una adquiere más presencia que la otra, el desequilibrio es inevitable.

 

Si no desarrollamos estas habilidades masculinas, las mujeres tomamos actitudes de indefensión, de amargura y tristeza, de apatía interna y abandono… Y entonces buscamos esa autoridad fuera, porque necesitamos que alguien o algo nos oriente, nos valore, nos diga qué está bien. Tenemos dificultades para materializar nuestras ideas, nuestros anhelos.

Pero cuando es la polaridad masculina la que se expresa en exceso, las mujeres nos desconectamos de nuestra feminidad, perdemos la conexión con el agua y la tierra, con la vida y sus ciclos de regeneración. Perdemos fluidez, ligereza, el cuerpo se tensa y nos invade un cansancio que no sabemos muy bien a qué se debe. La actividad mental, el “hacer”, toma demasiado protagonismo y el instinto enmudece.

Y si nuestra polaridad actúa energéticamente como masculina (sustituyendo nuestro soporte femenino), actuaremos de manera demasiado exigente, sin tener en cuenta nuestros ritmos.

Lo femenino es apertura a la vida, una comunicación a la que llamamos amor, cuidado, atención tierna y cariñosa. Es sentir y permitir en el cuerpo la fuerza de la vida y todos sus registros: fluida, cambiante, suave, intensa, salvaje, radiante. Es una fuerza que nutre, vivifica, que nos conecta con los sentidos, con el gozo de la vida, que fluye de una cosa a otra, que atrae, relaja, magnetiza, abre. Es una fuente de inspiración y sabiduría a la que necesitamos abrirnos, y es en la contemplación y el silencio profundo donde la sentimos.

Esto puede desconcertar a las mujeres que han desarrollado mucho su lado masculino, siempre de un sitio a otro, siempre ocupadas…

Al hombre desarrollar su polaridad femenina, le aporta conocimiento intuitivo, sentimientos profundos, apertura, fluidez, flexibilidad, relajación… Le da el regalo de poner sus cualidades masculinas al servicio de la vida, de realizar sus acciones con corazón teniendo en cuenta a los demás, incluyéndolos.

La polaridad femenina le da alegría al alma, disposición al juego, vitalidad, capacidad de disfrute, erotismo. Puede dejar descansar su faceta mental y cultivar las partes sensibles que hay dentro de él. Por otra parte, en las relaciones amorosas, el desarrollo de sus cualidades femeninas internas le proporciona la comprensión auténtica de lo que es el compromiso y la entrega sin perder la libertad.

Este es, en definitiva, el juego de las polaridades, en el que las cualidades masculinas y femeninas están conectadas.

Si una mujer despliega las habilidades masculinas sin un nexo con su parte femenina –o si un hombre desarrolla poco las cualidades “opuestas”–, se desconectará de sus ciclos, de su ritmo, sobrepasará sus límites mediante el control, la exigencia, el hecho de no escuchar las necesidades internas –no detectando cuándo y de qué ha de nutrirse–, la crítica, la rigidez, la exigencia de ser perfectos, el nunca es suficiente…”

 

La humilde conclusión de una servidora es la siguiente: ¡Sabiduría para aceptar nuestras diferencias sexuales, consciencia para desarrollar todas nuestras polaridades y así comunicarnos mejor, abrir nuestro corazón y atraer a la persona que nos complementa, que es justo la que podemos complementar nosotros! ¡Fíjate tú!¡Y así vivamos en equilibrio nutriéndonos y creciendo en plenitud! ¡Vamos un deseo pequeñito y facilillo para todos!

 

¿Qué opináis vosotros? Si os hago pensar y os llegan cosas, pues ya estoy contenta, porque ese es mi objetivo.

 

¡Hasta pronto guapísimas / guapísimos lectores!

 

Un abrazo tierno y fuerte

 

 

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