Agradece el dedo en la llaga

¿No te ha pasado nunca que justo te dice un amigo o amiga lo que más te duele medio en broma? En lugar de pensar en toda su familia, date cuenta de que te está mostrando algo. Si te afecta, es que ahí hay alguna cosa que debes superar, aceptar o desarrollar.

Ayer, unas compañeras de baile me dijeron más o menos estas palabras entre risas: “¿Esto lo haces tú, y te dedicas a ayudar a la gente?” “En casa de herrero, cuchara de palo”. Reconozco que en un primer momento dañó mi ego, luego pensé en el porqué de lo que sucedía.

Yo me expongo continuamente explicando en qué puedo ayudar a la gente y se da la circunstancia de que no soy perfecta. A menudo caigo en errores. Parece como si al dedicarme al crecimiento personal de los demás, mi comportamiento debiera ser siempre impecable, pero no es así. Lo reconozco honestamente. Lo que sí puedo afirmar es que lo que muestro lo he sentido, lo he aprendido y lo he experimentado, y eso me permite poder ayudar a los demás. Acompaño a las personas en el proceso de cambiar su vida, de superar separaciones y de vivir con serenidad y libertad. No les ayudo a ser perfectas ni a tener una vida requeteideal.

Según Marta Ocampo, presidenta de la Asociación Internacional de nuevos pensadores, la coherencia es aceptar nuestras incongruencias. La coherencia no es vivir las veinticuatro horas del día haciendo lo que se piensa y se siente. Eso sería perfección y la perfección no existe.

Así que demos las gracias a quien de forma consciente o inconsciente nos pone el dedo en la llaga porque son nuestros maestros gratuitos en esta vida imperfectamente bella.

 

¡Hasta pronto guapísimas y guapísimos lectores!

 

Un abrazo tierno y fuerte

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