¿Cómo se mide el valor de algo? ¿Por el grado de dificultad de quien lo entrega o por el nivel de emoción y agradecimiento de quien lo recibe?

Esta semana, a Miquel Alorda, un astrólogo terapeuta con quien tendré el placer de colaborar sobre el encuentro en la pareja, le planteé las preguntas retóricas del título de este post. Él estaba compartiendo por whatsApp toda una revisión de mi carta astral con una facilidad pasmosa y diciéndome unas palabras preciosas y profundamente esperanzadoras sobre mí y mi vida. Mientras leía los mensajes estaba esperando en una sala estéril de un centro médico de la seguridad social en una revisión ordinaria.  Mi alrededor se calentó por la emoción que sentía transformándose en energía corporal que me nutría y me fortalecía.

¿Cómo se mide el valor de algo? ¿Por el grado de dificultad de quien lo entrega o por el nivel de emoción y agradecimiento de quien lo recibe?

Solemos desmerecer lo que nos resulta fácil de dar, desconociendo la repercusión en el otro. En el símil de la pareja, una caricia que susurra, un abrazo de esos que gritan en silencio, unas manos que se toman para decir que estamos aquí. ¿No es todo esto alimento para el alma? A veces olvidamos la sencillez de lo valioso, la profundidad de lo simple, la belleza de lo común.

¿Entregamos gestos y palabras espontáneas? ¿Nos perdemos en el reclamo de lo que no recibimos en nuestra idealización perturbadora? Es tópico, típico lo de “da y recibirás”, y también es muy cierto si lo hacemos desde el liberador placer de dar y no desde la necesidad abrumadora de recibir algo a cambio.

En el caso de que el valor de algo se pueda medir, bajo el supuesto de que perdiera peso la subjetividad humana, la emoción tanto del que recibe como del que da sería un buen parámetro.

Dar y recibir “de corazón”, abiertos, sin miedo a entregar, sin miedo a recibir, no creo que haya mayor placer en la vida.

 

Un abrazo,

 

Olga Martínez Mora

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