Corazón cansado

Hoy la duda se ha instalado en mi corazón. Ya no sabe cuánto tiempo podrá seguir latiendo con su propia intensidad, esa del principio que ha resistido al paso del tiempo. Él que se ha recompuesto y que ha unido sus trocitos en otras ocasiones, se siente exhausto, sediento, vulnerable, vacilante y muy pero que muy cansado.

Hoy el frío se ha calado hasta mi corazón. Ya no sabe cómo mantener la llama de su fuego, ese propio de su alma, cálido e intenso, sensible y sensual, bondadoso y seductor al tiempo.

¡Justo ahora que empieza a abrirse con cierta osadía equilibrada! Ya no sabe cómo mantener el ritmo sin apoyo firme, sin aliento sincero. Desconoce cómo sostener la fuerza de su pulso sólo con esbozos fríos, mensajes confusos y señales inestables, con la incondicional compañía de la soledad.

Hoy me rindo, pero no a otro corazón cómo tantas veces he soñado, me rindo a seguir ilusionándome como si nunca me hubieran herido. Hoy me rindo a seguir creyendo que podré rendirme. Quizás lo sensato sea dejar de seguir queriendo querer profundamente. Puede que yo sea una ilusa equivocada o una ignorante acertada, hoy ni mi corazón ni yo acertamos a saberlo.

Sólo le pido a Dios que mi corazón se reponga mañana, o pasado mañana, o el otro, y que la duda emigre a una galaxia lejana. Sólo le pido a la Virgen que saque fuerzas de flaqueza y que la fe de mi corazón sea inquebrantable. Sólo le pido a los ángeles que otro corazón vea el mío, se nutran mutuamente, y crezcan sin importar ni el lugar, ni el tiempo, atrapando el instante del ahora, inmortalizando esa casualidad predestinada, disfrutando de esa vendita coincidencia.

Pondré a mi corazón a descansar un ratito o una eternidad, para que sea por siempre joven, para que su entusiasmo infantil no se derrame entre sus pliegues y grietas, y pueda permanecer compacto, íntegro, hermoso y preparado para lo que ha nacido: amar hasta su último latido.

 

Olga Martínez Mora

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