De león a gato

El fin de semana pasado asistí a un curso intensivo y vivencial de tres días sobre Inteligencia Emocional que implantó Olga Cañizares en Madrid, dentro del plan de formación de Expertos de Coaching de Imagen que dirige Domingo Delgado.

Me encantó. Lloré, reí, me enfadé, me impliqué, me comprometí, saqué un montón de emociones, y las hice conscientes, empezando con el propósito de aprender a aceptarlas y gestionarlas.

Uno de los aprendizajes que más me llamó la atención es darme cuenta de que la autoexigencia y el perfeccionismo hacen que me marque un ideal de persona casi inalcanzable, que sólo puede provocarme frustraciones, ya que no puedo conseguir en el corto plazo de tiempo que fijo, ser la persona que me he propuesto y sólo consigo malestar al sentirme incapaz de llevar a cabo mi lista sobrecargada de propósitos.

Una metáfora que planteó Olga Cañizares, fue que nuestro ideal de persona es en muchas ocasiones como un león, cuando en realidad somos gatos. Nos pedimos demasiado para intentar llegar a ser ese león, cuando lo que nos provocará realmente satisfacción es ser cada día un mejor gato. Así que voy a bajar mi ideal de león a gato o gatazo, y así pasar poco a poco de gatito a gato y de gato a gatazo.

No por proponernos más cosas, llegaremos más lejos. Es mejor caminar sin pausa pero sin prisa.

La ansiedad de avanzar a toda costa, de forzar lo que pase, de querer transformarnos rápidamente a leones, sólo nos convierte en gatitos indefensos, perdidos y bloqueados entre el miedo por creer que nos faltan recursos y la falta de autoestima por no gustarnos esa visión incompleta que tenemos de nosotros mismos.

Conocerse es toda una aventura. Gustarse y aceptarse es un acto de consciencia que requiere altas dosis de comprensión y compasión hacia uno mismo. Enfrentarnos al miedo es un acto de valentía que consiste en la búsqueda incesante de recursos que permitan afrontar los interrogantes, el crecimiento, los cambios, la vida.

En consecuencia, señoras y señores, yo soy “un lindo gatito”, como decía Piolín, que aspira a ser “un lindo gato o gatazo”. El león lo dejo para más adelante, o para gente más osada que yo. ¡Allá cada cual con lo que se propone!

¡Voy a aminorar la marcha para disfrutar más de mí y del paisaje! ¡Miau!

¿Qué elegís vosotros como ideal, ser léon, gatazo, gato o gatito?

 

¡Hasta pronto guapísimos lectores!

 

Un abrazo bien fuerte,

 

 

 

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