“En el tango uno no se equivoca. No es como en la vida. Si uno se equivoca o se enreda, sigue bailando” Al Pacino (Perfume de mujer)

¡Qué frase tan inspiradora! ¿verdad? Aunque yo sí que creo que el tango es como la vida, la cuestión en los dos casos, es seguir bailando. El pisotón o el tropiezo no son más que pasos necesarios en la danza de la vida. Lo que ocurre que ese matiz sólo lo podemos percibir poniendo la distancia que crea el tiempo o la consciencia. Así que: ¡no temamos a bailar “mal”!, sólo es el único camino para el baile más hermoso de nuestra vida.

Recientemente he empezado a recibir clases de tango en “El Desbande”, una escuela del barrio de Gracia. Las experiencias son como los libros, puedes volver a vivirlas y leerlos y descubrir algo nuevo que en su momento no pudimos ver.

Como casi todo últimamente en mi vida, el tango es aprendizaje. El tango tiene la sutileza de recordarme mi feminidad, y de no abusar de mi masculinidad. Es precioso dejarse llevar, fluir, confiar en que la otra persona inicie el baile, la acción.  Es muy bonito intuir, seguir a tu compañero de baile, para conectar, parar coincidir en el momento en el mismo ritmo siguiendo la misma melodía. Al proyectar el baile, la confianza y la energía, con la otra persona se consigue sentir la complicidad y ser la protagonista “pasiva” que hace posible con sensibilidad que se cree la magia del baile.

El profesor de tango, Fernando, me decía el otro día:  ”Sí, Olga, aunque sepas que pasos dar ahora te toca confiar. Él necesita que le des esa confianza y que esperes a que él inicie. Déjate llevar, pero tampoco se lo pongas tan fácil. Él tiene que notar tu presencia”

Eso es confiar en las personas, en la pareja, con los hijos, en la vida: “Estar presentes, con una sutil tensión y con relajación al mismo tiempo. La actitud que se manifiesta al sentir confianza”

¿Dejamos espacio a las personas que nos rodean? ¿Hemos tenido la empatía y hemos sentido el amor de forma sana y consciente? ¿Hemos dejado que nuestras parejas, nuestros hijos hicieran lo que tuvieran que hacer, sin adelantarnos, apoyándolos, proyectando lo mejor de ellos mismos para crear seguridad y serenidad? ¿Nos hemos permitido bailar armoniosamente y disfrutando? ¿Nos hemos obligado durante algún tiempo a bailar sin ganas y sin ritmo con la esperanza de que el baile cambiara de son?

A mí el tango me enseña que es importante mostrarme y ser yo misma tal cual, y también lo es dejar y apoyar para que el otro también pueda serlo. Es tan importante dirigir en la vida, como confiar y proyectar la dirección dejándose llevar y confiando. Es tan importante dar como recibir.

Te animo a que busques el entorno (imagen del entorno) y las actividades (imagen interna y cuerpo) que activen tu corazón y tu conciencia. Escucha tu interior y haz lo que te apasiona.

Cuando hemos pasado desengaños y separaciones, a menudo, se nos olvida todo esto. Se nos olvida que el tango (o en ti lo que te haga conectar) y la vida son maravillosos y que no hay nada más gratificante que abrirse a la vida.

Comparte tus opiniones, tus deseos, tus inquietudes.

¡Hasta pronto guapísimos lectores!

Un abrazo bien fuerte

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