Hacer del placer y la satisfacción una exigencia es como querer tomar chocolate con embudo

Creerse perfectamente flexible es en realidad dejar de serlo. Cuando aleccionamos sobre la coherencia, la moralidad y flexibilidad, formamos parte más que nunca de esa incoherencia y amoralidad y rigidez del otro. Lo que suele ocurrir es que en ese momento sólo vemos una cara de la moneda.

Cuando nos creemos que empezamos a ser más conscientes, a menudo nos focalizamos sólo hacia nosotros, yéndonos al extremo en nuestro maravilloso descubrimiento, reafirmándonos a la más mínima oportunidad. ¡Lo cuento desde la experiencia! Esto forma parte del proceso y cada uno necesitamos nuestro tiempo, el único posible por nuestras circunstancias internas y externas.

Siempre podemos ganar flexibilidad. La rigidez corporal ha sido uno de mis hándicaps a la hora de bailar, ya desde que era adolescente y recibía clases de ballet. Pensar y sentir que tenemos recorrido en nuestra flexibilidad hace que se haga más presente, de forma más holística, en el cuerpo, en la vida, en las relaciones íntimas. Cuando ganamos flexibilidad, ésta se manifiesta en todos los sentidos, para dentro y para afuera, contigo y con los otros.

Laxitud no es flexibilidad. Vivir la flexibilidad de forma sana incluye poner la mirada en ti y en el otro. El exceso de optimismo, dependiendo desde dónde se sitúe, puede convertirse desde una falsa condescendencia en la vehemencia de nuestro propio sueño. Los extremos se tocan. Yo creo que el mejor camino en la vida es la aceptación, el amor por uno mismo y por el otro, poniendo intención en equilibradas inclusiones.

Por otro lado, hacer del placer y la satisfacción una exigencia es como querer tomar chocolate con embudo, es un sinsentido.  ¡Ojo con que no tensemos demasiado la cuerda porque se acabará rompiendo! ¡Ojo con no forzar demasiado la goma porque nos acabará rebotando en nuestro cuerpo! ¡Ojo! o ¡No ojo! porque puede que necesitemos esos rotos o esos descosidos para aprender y para comprender que para compartir nuestro tiempo con alguien la flexibilidad es algo primordial. Sólo así podemos entender lo que el otro necesita, su visión de la vida, sin traicionar lo que nosotros queremos realmente, nuestros deseos y nuestros valores. Sólo así le dejamos ser él o ella, y a la vez ser nosotros mismos, y sólo así podemos darle y recibir desde la serena abertura. Esta es para mí la auténtica flexibilidad, la amorosa, que amplía el espacio para integrar nuestra esencia y la del otro, y las fusiona en un fuerte y tierno abrazo.

 

Un abrazo, ¡valga la redundancia!,

 

Olga Martínez Mora

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