Ímpetu desmesurado

Igual os ha pasado en alguna ocasión como a mí, que deseáis algo con tantas fuerzas, le ponéis tanta energía, le dedicáis tanto tiempo, que no entendéis como no lo habéis conseguido todavía. O lo que es peor, le otorgáis explicaciones del tipo: “No valgo lo suficiente”, dejando de creer en vosotros, o: “No tengo suerte”, dejando de creer en la vida.

Pues esto no es más que la “Ley de la Intención paradójica”, que explica Mònica Fusté con su energía y claridad de siempre en un vídeo colgado en su página web www.monicafuste.com, el cual os recomiendo.

Cuando sentimos ansiedad y urgencia por conseguir algo y nos repetimos: “Lo tengo que conseguir por narices”; “sólo cuando lo tenga seré feliz”, estamos generando vibraciones negativas. La insatisfacción profunda de pensar que nuestra situación actual es horrible, de que ya no puedo más, de que me iría a vivir a Honolulu o a Ibiza a vender pendientes o a la Conchinchina (que no sé si existe realmente pero sí que es posiblemente uno de los destinos más deseados o al menos nombrados coloquialmente), produce esas vibraciones. Éstas también provienen de nuestras intenciones contradictorias: “Quiero esto pero no me lo merezco, no seré capaz de conseguirlo”. Vamos, que las vibraciones positivas que generan nuestras ilusiones por eso que queremos conseguir, se las comen con patatas las vibraciones negativas que engordamos con nuestras inseguridades y contradicciones.

Ante todo este panorama, ¿qué podemos hacer? Pues no, tirar la toalla ni se te ocurra. Somos guerreros pacíficos (libro y película que no hay que perderse : “El guerrero pacífico”, en el primer caso escrita por Dan Millman, y en el segundo dirigida por Víctor Salva, donde actúa Nick Nolte) y no vamos a dejar de luchar para sacar la mejor versión de nosotros mismos. ¿A qué no? Pues eso.

Mònica Fusté nos recomienda estrategias para salir de esta situación que os comentaré a continuación, a mi manera.

Volvamos a conectar con nosotros mismos, reconozcamos que podemos ser felices así, tal cual, sin metas nuevas, ni floripondios, ni reconocimientos, desnudos, tal y como nos parió nuestra madre.

Valoremos que somos la leche, que hemos conseguido un montón de cosas en nuestra vida. Piensa en todas las situaciones que has sido capaz de afrontar y a las personas que has ayudado hasta ahora, y todo esto sin capa de invisibilidad como Harry Potter, ni superpoderes como Superman o Spíderman, así de buenas a primeras. ¡Porque lo valemos!

Repitamos cada día, o por la mañana o por la noche, como más se te antoje: “¡Me merezco lo que quiero conseguir! ¡Me merezco lo mejor y de lo mejor, lo superior!” (Esta última frase la decía la tía de una amiga mía y siempre me resultó graciosa) ¡Ya verás que agustito te quedas!

Revisemos que nuestra intención sea respetuosa, tanto en lo que queremos conseguir, como hacia las personas implicadas. ¿Para qué quieres conseguir esa meta? ¿El resultado es honesto? ¿La intención es pura o retorcidilla? Si consiguiendo tu objetivo perjudicas seriamente a alguien, ¿no crees que deberías replanteártelo?

Y por último, para mí, personalmente, uno de los retos que más tengo que trabajar, es la paciencia. Voy a dejar que esa dama tranquila, que nunca tiene prisas, me contagie su serenidad, su tenacidad y su fe inagotable. La paciencia es desde hoy mi compañera de fatigas y disfrutes, mi incansable aliada en el camino que he escogido recorrer. ¿La quieres tú como colega? ¿Qué opinas al respecto?

¡Hasta pronto guapísimos lectores!

Un abrazo bien fuerte

 

Origen de la fotografía: <a href=”http://www.foto-gratis.es”>Foto Gratis</a>

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