La paradoja del aislamiento en nuestros tiempos de la conexión

¿Sabías que más del 58% de los hogares en Estocolmo son unipersonales? ¿Qué esta cifra es superior al 45% en Tokio, sobre el 33% en Nueva York y 30% en Buenos Aires? (Fuente: “The Japan Times”, “The Guardian” y datos censales). ¿Y que según “The Whashington Post” más de la mitad de los habitantes de Manhattan y Washington viven solos?  ¿Y que en España la cifra ronda el 25% y en Catalunya supera el 27%? (Fuente: “El Confidencial” 17/07/2015).

Cada vez somos más independientes y autosuficientes. ¡Genial! ¿Y a costa de qué? ¿En contrapartida somos también cada vez más asociales? Relaciones selectivas, autonomía, desapego son conceptos a incluir en nuestra lista de la vida ideal, diseñada desde una mente cada vez más inteligente, pero como ocurre con todo, ¿lo estamos llevando al extremo? ¿Sabemos utilizar ese “progreso” para ser felices?

Internet y las redes sociales nos proporcionan una falsa sensación de compañía séptica. Mirar a los ojos y que el otro sostenga la mirada se puede convertir en un lujo, si a las murallas del miedo a perder la intimidad y mostrarnos, le añadimos que los encuentros y reuniones son cada vez más escasos y/o superficiales.

La convivencia es una práctica que pierde frecuencia. ¿Y nos extrañamos de la falta de empatía y tolerancia? Lo que a nivel individual no integramos y practicamos, a nivel social sólo puede ser ciencia ficción.

La salud mental, el bienestar emocional y la paz espiritual sólo tienen sentido con el otro. En las tribus la palabra “depresión” no se conoce porque desde la etimología no se puede originar un significado de algo que para sus miembros no existe.

Aunque suene repetitivo, manoseado, obvio, quiero recordar de nuevo que escuchar nuestro instinto y nuestro corazón hará que vivamos relacionándonos más y mejor, valorando la verdadera conexión, con aceptación y comprensión, volviendo a nuestra verdadera naturaleza.

¿Tienes a veces la sensación como yo de que nos complicamos la existencia? Yo creo que pensamos demasiado y sentimos poco. ¡Tranquilidad! ¡De amor uno no se muere! Sólo se muere en vida de su ausencia.

Yo elijo conectar con el otro con presencia y con lo que siento realmente, que es en definitiva conectar conmigo misma. ¿Y tú?

 

Un abrazo,

 

Olga Martínez Mora

 

Share this post

Deja un comentario


X