Mi pastel de chocolate está en la nevera

Imagínate que el pastel que más te gusta, de chocolate, de nata, de queso, de lo que sea, no necesitas ir a buscarlo a ninguna pastelería, ni tienes que ir a comprar los ingredientes porque está ya en tu nevera. ¿Lo ves cómo yo? El chocolate reposa sobre la masa y las papilas gustativas dan palmas cuando aparece la imagen en la mente.

Por la razón que sea puede que ese pastel lo mantengamos en el fresco, e inconscientemente estamos esperando el momento adecuado para sacarlo, disfrutarlo y saborearlo con todos nuestros sentidos, sintiéndolo y valorándolo con todos sus matices, con todo su sabor.

La sensación de que el pastel ya está en casa nos proporciona paz. Saber que no hay que luchar para conseguirlo, ni ir buscando pastelerías o ingredientes, nos proporciona la serenidad que queremos en nuestra vida, y prepara el espacio para que podamos llegar a sacarlo.

Muchas veces nos pasamos la vida buscando cosas, personas, sensaciones…que nos llenen un vacío que sólo podemos llenar desde el interior para luego poder compartir esa plenitud.

Es como si Dios y/o el Universo se estuviera cachondeando desde arriba y pensara: “¡Qué pringadillos! ¡Si sientes que necesitas algo y lo exiges pues va a ser que no! ¡Si no te sientes merecedor/ merecedora de pareja pues justo eso se va a cumplir, no tendrás pareja!”.

Imagina que la incertidumbre adquiere otro sentido y cambia de color, de olor, de textura. No podemos sacar nuestro pastel antes de tiempo. Forzar la situación buscando otro que nos gusta menos en una pastelería, sabemos en el fondo que no es la solución. ¿Qué a veces nos cansamos de esperar porque tenemos hambre y capricho de algo dulce? Es normal, somos humanos.

Sentir internamente la abertura, el amor, la paciencia, la fe suficiente para saber que el pastel está a nuestro alcance y que se materializará en el mejor momento de nuestra vida, justo cuando estemos preparados para saborearlo, es el camino para poder acceder a él.

¿Qué hacemos mientras? Pues dedicarnos a aprender a ser dignos degustadores, sacando nuestra mejor versión. ¿Cómo? Haciendo lo que nos apasiona, cuidándonos, relacionándonos con nosotros mismos y con los demás desde la comprensión y la compasión. Conociéndonos para poder amarnos enteros, no a trocitos, con todas las porciones: las dulces y las amargas. De esta forma seremos pasteles deliciosos también y que se nos acerque otra persona que quiera nuestro gusto en su vida será lo más natural del mundo. La atracción de ser uno mismo es poderosa. Para atraer el amor, primero hay que serlo.

No necesitamos buscar ni tartas, ni parejas, porque nuestro pastel ya está en la nevera esperándonos. Nuestra pareja materializada o no, está ahí para ser valorada y saboreada.

 

¿Qué opináis? ¿Os han llegado estas líneas?

 

Un abrazo,

 

Olga Martínez Mora

 

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