Navidad, ¡Oh dulce o amarga Navidad!

¿Os empalagan como a mí los polvorones y ver los anuncios de doscientas personas reunidas en una casa sonriendo todos al unísono y recibiendo por sorpresa al hijo despendolao que viene del extranjero? ¿Me pasa a mí solamente que no me apetece comprar haciendo una cola interminable porque me he cansado de depositar, en el consumismo descontrolado de los regalos, mis deseos de felicidad?

Miramos los anuncios televisivos que nos ofrecen miles de juguetes, comida, ropa, accesorios, que no necesitamos, que en muchas ocasiones hemos pagado o continuamos pagando con dinero que no tenemos inmolando nuestra salud financiera, para intentar llenar un vacío que ya hemos comprobado con la experiencia de otros años que no se sacia de esta manera.

Además, ¿os pasa como a mí que comparáis con vuestra vida esos momentos casi “perfectos” donde disfruta una familia larga con sus excesos Navideños? La televisión demasiado a menudo nos bombardea con las noticias bélicas, las disputas entre políticos o tertulianos del show televisivo de turno, o se pasa al otro extremo y nos muestra escenas irreales de familias maravillosamente avenidas que bien podrían ser marcianas, para calarnos en el inconsciente y meternos en vena que si vamos a tal sitio o compramos tal producto nosotros también seremos dignos de esos momentos de éxtasis colectivo navideño.

Y este abismo del resultado comparativo de las imágenes de publicidad televisiva y la realidad aumenta de forma irreverente en situaciones recientes de fallecimientos, divorcios y separaciones, donde las ausencias adquieren más relevancia en nuestras mentes. Vamos, como enseñar un chuletón con patatas a cualquier niño desnutrido de África.

Estos días, una persona muy sabia, me decía: “Olga estos días son de celebración, pero también de recogimiento, no de excesos y solemos hacer lo contrario”. Son días de celebración y de aceptar nuestras situaciones vitales para poder mejorarlas. Son días de querernos a nosotros mismos y a nuestros amigos y familiares, como somos, imperfectos, genialmente imperfectos. La vida no es perfecta para nadie. “El ser humano no es libre de sus circunstancias sino para adoptar una postura frente a ellas” Esta frase es de Viktor E.Frankl, médico, filósofo, y pensador judío, superviviente en los campos de Auschwitz.

Uno de los valores más importantes para mí, por no decir el primero, es la familia. Apuntar los valores, las cosas que realmente son esenciales para ti, es necesario para saber qué es lo que te empuja a hacer las cosas, qué es lo que te motiva y te llevará a conseguir lo que quieres en la vida. Estos valores tenemos que honrarlos dedicándoles el tiempo que merecen desde una situación sana, desde el amor a nosotros mismos y a los demás. Yo voy a dedicar tiempo a mi familia porque así lo siento. Y también voy a respetar las voluntades de mis seres queridos, porque desde el cariño aceptaré la celebración que en estos días festivos quieran regalarme, sin juzgar y con serenidad, sin pretender forzar que acontezcan esas fiestas “requeteideales” que sólo existen en la imaginación. “Yo no puedo ordenar a nadie: ¡ama! Eso le puede repatear. Lo que tengo que hacer es parecerle digno de ser amado; entonces él amará también” (entrevista a Vicktor E. Frankl). Si estáis pensando en ese cuñao, en esa suegra … hacen lo que hacemos todos: lo que sabemos y podemos.

Sustituyamos las expectativas por la aceptación, los rencores por el amor, y eso será celebrar en plenitud la NAVIDAD.

 

¡Feliz Navidad guapísimos lectoras / lectores!

Un abrazo tierno y bien fuerte

 

 

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