¡No hay nada cómo estar solo / sola! ¿Seguro? Y ¿siempre? ¡Anda, anda, anda!

No sé vosotros, pero yo por las redes sociales, no paro de recibir mensajes de las ventajas espirituales que proporciona la soledad. ¡Ni mucho ni poco y depende!

La soledad es necesaria para conectar con uno mismo, para meditar. Refugiarse en el lugar seguro que nos proporciona es aislarse de los problemas y del mundo.

Las relaciones nos ponen a prueba, nos hacen crecer; nos hacen vivir con la intensidad que la vida, como milagro, merece.

El ser humano ha nacido para relacionarse: nace de una relación, necesita a otras personas para sobrevivir, se complementa con otras personas en las tareas prácticas y en las vivencias emocionales que desarrolla.

Necesitamos el tacto y el contacto para sentirnos reconocidos, para recordarnos nuestro valor, para aceptarnos y querernos no sólo desde el interior sino también por medio del espejo del otro.

Tengo la sensación de qué en la sociedad actual, hacemos apología de la soledad, como si fuera la panacea. Esto tiene una sana intención de propagar la autoestima y aceptación de uno mismo, pero llevado al extremo, es pura desconexión para protegernos del dolor que lleva implícita la vida.

¡Madre mía del amor hermoso! ¡Que parrafada os acabo de soltar! Traducido: ¡que a veces se está “jodido / jodida” por arriesgarnos, por vivir, por amar cómo sabemos en aquel momento, por apegarnos, por separarnos, por enfermar, … y la solución no es fingir que estamos bien por estar solos. Quizás lo mejor sea vivir la soledad como una oportunidad para desarrollar nuestra verdadera identidad, aprender a ser más uno mismo, y no como un estado “ideal” por tener “una inteligencia emocional requeteincreible”.

La soledad como opción, buscada y sin que le acompañe “la ansiedad de tener compañía” es un regalo maravilloso que nos proporcionamos. Otra cosa es vivir la soledad como refugio, sin reconocer el miedo a perder nuestra identidad y al sufrimiento; y con pánico a la expansión y la abertura.

Otro tema, realmente doloroso, es sentirse sola / solo en compañía. ¿A qué es de las peores sensaciones? Si ya la has vivido, has aprendido. Ahora puedes escucharte y no recrearte en esta vivencia cuando la empieces a sentir. Desde el respeto, puedes salir de esa relación con más facilidad porque ahora eres más sabia / sabio.

Yo me pido momentos de soledad para disfrutar de mi presencia y de mis creaciones. Y también me pido infinidad de momentos en compañía con personas que sepan abrir su corazón y su intimidad, sin miedo a quedarse casi desnudos y vestidos de su autenticidad. ¿Y tú?

 

¡Hasta pronto guapísimas / guapísimos lectores!

 

Un abrazo tierno y fuerte

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