¡Ole por su valentía!

A finales de junio tuve la suerte de formar parte de las personas que participamos en un festival de flamenco de la academia de Gracia Flamenca. Pude disfrutar de la satisfacción de bailar, algo que me conecta conmigo y con los demás, y me hace mostrarme como soy, aflorando la alegría de hacer algo que me apasiona, formando parte de un grupo de compañeras que me potencian y fortalecen. ¡Fue genial!

He colgado una foto de uno de los bailes. Yo soy la de la derecha que mira al público sonriendo con cara de “flipada”.

Después de esta experiencia, me inspiré para escribir las líneas que vienen a continuación.

Os he añorado durante este “parón” en el que no he escrito en el blog. He utilizado este tiempo para conocerme, mi estilo y lo que quiero transmitir. Me alegro de volver con ilusión renovada.

Me encantaría que al final de leerlo, si os apetece, dejarais escrito lo que se os ocurra.

Un abrazo bien fuerte.

 

¡Hasta pronto guapísimos lectores!

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¡OLE POR SU VALENTÍA!

Hoy escribo por las personas que se enfrentan a sí mismas, por las que quieren salir de los pozos, por las que piden ayuda, buscando apoyo y venciendo el sutil y poderoso orgullo, por las que consiguen escapar de la rutina inconsciente que nos hipnotiza, por los que se atreven a sacar de sus entrañas su verdadera esencia. ¡Ole por su valentía!

Por los hombres y mujeres que mantienen y sostienen la mirada, por los que osan abrir su intimidad y su corazón, por los que bailan mostrándose y viendo al otro, por los que cantan con su propia voz su propio canto, por los que buscan el sentido de su existencia, por los que disfrutan del reconocimiento mutuo, por los que perdonan y se perdonan, por los que aman la vida. ¡Ole por su valentía!

Por los que se aceptan así mismos, a los que les rodean y a sus circunstancias. Por los que ven su oscuridad como la otra cara natural de la moneda, consiguiendo así que su luz brille con fuerza, por los que muestran su vulnerabilidad, por los que encuentran belleza en cualquier parte. Por los que no se cansan de valorar lo importante e ir soltando el resto, por los que no cesan de volver al camino cada vez que se sienten perdidos o cambiarlo siguiendo la brújula de su corazón y su voz interior. Por los que crecen desde la compasión, por los que se reconocen en el espejo de los otros, por los que no paran de conocerse y quererse a sí mismos y a sus compañeros de viaje, por los que se consideran eternos aprendices. ¡Ole por su valentía!

Por los que siguen caminando con los pies llagados, por los que corren con rodillas ensangrentadas, por los que no pierden la fe y creen en la magia, por los que han aprendido a levantarse una y otra vez como bebés recién salidos del gateo. Por los que las sacudidas los hacen más fuertes, más humanos, más comprensivos, más conectados. Por los que cada desilusión y equivocación los transforma en seres más sabios. Por los que descubren su responsabilidad en lo que les sucede saliendo del cómodo victimismo. Por los que sueñan y buscan sentirse niños cuidándose y escuchándose. Por los que transmiten serenidad con la mirada, atención con la escucha, energía con el tacto y presencia con el cuerpo, por los que saben dar besos y abrazos que curan, mezclando pasión y ternura. Por los que se emocionan y emocionan. ¡Ole por su valentía!

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