“Porque madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle” Poema de Rafael de León

“Menos faltarle a mi mare
to te lo consiento, serrana
menos faltarle a mi mare
que a una mare no se encuentra
y a ti te encontré en la calle.
¡Vete, vete! si no te tié cuenta”.

“A la madre de mi alma
La quiero desde la cuna
Por Dios, no me la avasalles
Porque madre no hay más que una
Y a tí te encontré en la calle”.

 

Rafael de León

 

La última estrofa de este poema de Rafael de León me la recitaba mi madre de pequeña. Supongo que le quedó grabada de escuchar flamenco con mi abuelo, quizás la versión de Pepe Pinto. Podemos encontrar también una versión más actual de Marc Parrot (El Chaval de la Peca).

No podemos renunciar ni desconectarnos de nuestros ancestros, si queremos vivir con serenidad, creciendo, encontrando nuestro camino, subiendo las cuestecillas y mirando el horizonte con la tranquilidad de saber volver al sendero cuando nos perdemos, escuchando a nuestro cuerpo, descansando si nos faltan fuerzas, reanudando la marcha con ilusión renovada.

Nuestra madre nos trajo al mundo. Nos quiere y nos quiso incondicionalmente. Y lo más importante, es maravillosamente imperfecta. Hizo todo lo que sabía. Hace todo lo que puede. Como tú, como yo, como todos nosotros. Esta comprensión, esta compasión empieza en nosotros mismos, y se extiende a nuestros padres, hijos, pareja, amigos, y al prójimo.

La madre no se encuentra en la calle, está en el corazón.

Alejarnos de las personas que en este momento de nuestra vida no nos aportan, es necesario y sano. Desconectarnos de nuestra madre es no integrar nuestro origen. Es perder energía, es dudar de nuestra valoración y proyección en el mundo.

Cuidar la relación con tu madre no es sólo un acto de bondad y generosidad hacia ella, sino que lo es también hacia ti mismo / misma, hacia tu prosperidad.

Si en este momento estás leyendo esto y tu madre falleció, reconcíliate con ella, exprésale lo mucho que la quisiste, escribe como te hubiera gustado que fuera, expresa lo bonito que recibiste, sus cualidades, acepta que hizo lo que su consciencia le permitió. Saca tu dolor, llórale, límpiate. Perdónate, perdónala, aunque en realidad no hay nada que perdonar, todo está bien cuando se está en paz.

“A mi madre de mi alma la quiero desde la cuna” Recuerda que su amor hacia ti es atemporal.

 

¡Hasta pronto guapísimas y guapísimos lectores!

 

Un abrazo tierno y fuerte

Share this post

Deja un comentario


X