¿Querer tener pareja es una utopía o una legitimidad?

En la charla de “Café y té con Olga” del pasado jueves, que semanalmente organizo en Sandwichez, Provença 258, entre otros temas, tratamos que el “querer tener pareja” no siempre es bien interpretado por nuestro entorno más inmediato.

¿Te ha pasado alguna vez que no sabes cómo te has visto inmerso /inmersa en un mar de justificaciones argumentando que quieres tener pareja, mientras amigos y conocidos sugieren condescendientemente que debes superar tu dependencia? ¿Te ha ocurrido que te califiquen de iluso de una forma muy sutil sugiriendo que ya no tienes edad de creer en el amor? ¿Te ha pasado que amigas / amigos con pareja te recuerdan lo bien que se puede vivir sin pareja? Y entonces piensas: “Sí, sí, tu dame clases de gestión emocional de la soledad”. “¿Te estás refiriendo a la Soledad como ausencia de compañía o como nombre de mujer?”

Justificarnos es un acto un pelín desesperado por mantener una imagen segura, con la paradoja de que conseguimos lo contrario. Mejor vivir según nuestros valores y consciencia sin tanta explicación cuando intuimos en ese momento que esas palabras no van a llegar a la comprensión consciente de nadie. Reconozco que llegar a esta conclusión a mí me ha costado sus añitos largos.

Sobre si tenemos edad de enamorarnos, aunque suene a tópico, yo creo que el amor no tiene edad. Lo que suele ocurrir es que la gente más joven todavía no ha vivido experiencias que le ensucien el corazón. En mucha gente joven el miedo no ha contaminado su capacidad de amar. Por eso hay gente que vincula edad con amor auténtico. El amor no está asociado intrínsecamente a la edad. El amor es libre y libera. Luis Vieira, al que considero mi maestro, me dijo hace dos días: “Olga, el amor es la ausencia de miedo”. Lo que no vemos posible, difícilmente puede hacerse realidad. Sólo si tenemos la valentía de ver nuestro futuro con amor, de preparar el terreno, el podrá nacer y crecer fuerte y frondoso a cualquier edad y en cualquier circunstancia.

Solemos alardear de ser expertos de lo que desconocemos. Opinar sobre la vida de los demás, sin haber transitado ni su vida ni su interior es un deporte nacional. ¡Ah! Pero si encima “la pareja” es para nosotros un anhelo o algo delicado en ese momento de nuestra vida, la susceptibidad adquiere una relevancia desmerecida y desmedida. Es decir, que la gente diga lo que quiera, y cada uno haremos caso de lo que nos convenga.  “Siempre que enseñes, enseña también a dudar de lo que enseñas” José Ortega y Gasset. Me complacería que dudéis o hayáis dudado de estas líneas que escribo, lo suficiente para preparar el camino para integrarlas y dejar de dudar desde el corazón.

La soledad es preciosa, no desde un estado perenne o forma de vida, sino como momentos necesarios para escuchar nuestra alma y sacar a flote nuestros auténticos propósitos.

Y el amor, en todas sus vertientes y modalidades, incluido el de la pareja, es el sentido de la vida, aprender a vivir sin miedo es la más maravillosa de las aventuras, siendo lo que somos, alcanzando la paz y contribuyendo así con nuestro trocito, a la PAZ.

Un abrazo,

Olga Martínez Mora

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