“Yo quiero tener un millón de amigos” Vale, vale, pero sin perder mi propia amistad

Hace unos días tuve un pequeño accidente con el coche y conocí a una persona muy interesante. Me mandó un correo y me preguntó qué era para mí la amistad. Le contesté que la amistad es abrir el corazón y la mente. La amistad es aceptarse a uno mismo y aceptar al otro.  Las amistades sanas, dan y reciben, respetan la ley universal del “dar y recibir”.

Cuando queremos como amigo a alguien, damos sin esperar nada a cambio, y paradójicamente, para que se mantenga la relación, recibimos algo a cambio.

Solamente la relación de padre o madre con hijo o hija, se podría considerar desinteresada, aunque también recibimos amor de nuestros hijos.

La amistad es crear un vínculo, un punto de conexión que hace que se potencie uno en el otro.

En las amistades más fuertes, uno ve al otro y viceversa, tal y como es en esencia. Esto me recuerda a la película “Avatar” donde la protagonista le dice a su amado: “Te veo”. Pues eso, te veo cómo eres, y te acepto y quiero así, tal cual, desnudo y sin máscaras.

Entonces, me planteo, ¿puedo tener un millón de amigos? ¿puedo ser amiga de todo el mundo? Y no valen los amigos de Facebook. Pues la respuesta, después de años de profunda reflexión es que…no. Porque no todo el mundo está en mi misma frecuencia que yo, o mejor dicho, yo no puedo ni quiero estar en la misma frecuencia que todos los demás. No puedo caminar todos los caminos. Intentar ser amigo de todo el mundo es renunciar a ser amigo de uno mismo.

“Yo quiero tener un millón de amigos y así más fuerte poder cantar” nos dice Roberto Carlos en una de sus canciones. Pues yo humildemente le aconsejo que se compre altavoces. Vale, vale, tengamos amigos, pero sin perder mi propia amistad, sin dejar de ser yo en esencia, desde el respeto y la autenticidad. Aceptar esto es liberador.

“No conozco la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo”. Esta frase de Woody Allen me encanta. No podemos agradar a todo el mundo. Si eres pasional e intenso / intensa, como yo, podemos desconcertar en algunas ocasiones. No todo el mundo está dispuesto a que les desmontemos todas sus “verdades irrefutables” sobre las que se sostiene, o como dice Domingo Delgado, mentor y amigo mío creador del coaching de imagen, desmontar “sus catedrales”. Si tienes un carácter “neutro” tampoco puedes llegar a todo el mundo desde la moderación, aunque evites en ocasiones conflictos.

Somos seres sociales. Relacionarnos nos permite poner a prueba lo que somos y nos impulsa a crecer para seguir nutriendo nuestro ser. Sí, hacer amigos es sano y necesario. Lo que ocurre es que la amistad más preciada es la de con nosotros mismos. Seamos fieles a nosotros mismos, a nuestros valores, a nuestros sueños, a nuestros seres queridos y los amigos aparecerán como por arte de magia.

Crear “falsas adaptaciones” para “compatibilizar favorablemente” con alguien sólo creará malestar en la relación, en la otra persona y en nosotros, aunque no se llegue a verbalizar y se sufra en silencio como las hemorroides. En estas ocasiones o se transforma la relación, o el vínculo tiene los días contados.

Así que seamos nosotros mismos desde la honestidad y el talento, sacando nuestra luz, aceptando e integrando nuestra oscuridad, sin necesidad de tener un millón de amigos, y valorando cada amistad que hagamos por el camino.

 

¿Qué opináis sobre la amistad? Me gustaría conocer vuestro punto de vista que podéis compartir abajo del post si os apetece.

 

¡Hasta pronto guapísimas y guapísimos lectores!

 

Un abrazo bien fuerte

 

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